Valverde no esperó más. Leo Messi no esperó más. El Barcelona no esperó más. Por partes. El entrenador, justo después del descanso, sacó a su estrella, que había empezado en el banquillo, para que tratara de resolver un partido que su equipo había jugado bien, pero sin gol. La estrella salió e hizo lo que le pidió su técnico: resolvió; marcó. Y la consecuencia es que el conjunto azulgrana derrotó al Levante y ya puede decir que es campeón de Liga, de una nueva Liga, la octava de las últimas once. Y el título llegó en el momento justo, porque ahora tendrá tiempo para centrarse en las semifinales de la Liga de Campeones contra el Liverpool. Sin distracciones.

El gol fue una metáfora de lo que ha sido el equipo durante todo el año. Lo marcó el de siempre y participó uno que se ha unido a la causa poco a poco: Arturo Vidal. El chileno empezó siendo un fichaje sospechoso por su edad y por sus capacidades futbolísticas, dio problemas porque no jugaba lo que él quería, pero encontró su lugar y en las jornadas finales ha sido uno de los protagonistas. Han sido unos últimos partidos de pelea y ahí Vidal se mueve bien. Y el tanto de ayer se produjo gracias a una de esas acciones de sudor del centrocampista, que fue a la presión al borde del área para llevarse un balón dividido y servir a Messi la posibilidad de marcar. El argentino lo hizo fácil: regate y remate cruzado. El Levante fue derribado. Lo que no había conseguido el conjunto de Valverde a través de las jugadas elaboradas, lo hizo en una de recuperación y ataque rápido. Porque antes había atacado mucho, con peso de los laterales, muy profundos por los costados, pero cuyos centros no encontraban rematador.

Tampoco encontró portería Coutinho en una primera parte en el que fue el más peligroso y el más bullicioso. Regateó, se ofreció, chutó y cabeceó, pero sin éxito porque los intentos ante Aitor le salían muy centrados. Pero el brasileño definitivamente se ha rebelado y pide sitio para el encuentro contra el Liverpool. Su sustitución al descanso no tiene connotaciones negativas. Todo lo contrario. Pareció más que Valverde lo guardó para que descansara. Porque su partido fue mejor que el de Dembélé, la anarquía del equipo, que todavía no está afinado tras regresar de la última lesión.

El Levante, de todas formas, tampoco había dicho la última palabra. Se juega mucho, está peleando por no descender, y al descanso entró «su Messi», Morales, para buscar los espacios que no había encontrado en la primera parte. Curiosamente, el capitán tuvo la ocasión más clara, pero en su mano a mano con Ter Stegen, tras un fallo de Rakitic, no golpeó la pelota con la zona del pie adecuada y la echó fuera. Apretó de verdad el conjunto levantinista, para que se viera otra de las claves del Barcelona esta temporada: su defensa. Comparado con el principio de curso, no hay color. Empezó la campaña como un equipo frágil, pero lo ha terminado como una roca, con Piqué y Lenglet despejando todo por alto y por bajo… O casi todo. La emoción duró hasta el final porque la fiesta estuvo a punto de no ser por el tiro al palo en el minuto 88 en una pelota suelta que casi, casi se va dentro. La agarró Ter Stegen. Y no pudo evitar reír.

 

No Comments