“Ahí tenéis vino”, dijo Trimalción a sus invitados en una comida exagerada, teatral y excéntrica para impresionarlos. Ya no era esclavo, había recobrado su libertad y hacía alarde de su riqueza. La cena romana quedó plasmada en las páginas de El Satiricón, uno de los primeros textos registrados en la literatura mundial, escrito por el romano Petronio.

En La cena de Trimalción, una de las partes que compone el libro, el exesclavo le ofrece a quienes lo acompañan asnillo, huevos de pava, aves cebadas, ubres de cerda, una liebre con alas y otros platos. La historia se llevó al cine, lo hizo Federico Fellini en 1969.

El placentero banquete del siglo I es ejemplo para emular estos días, ya que hasta el 30 de abril se realizará Medellín Gourmet, el evento gastronómico que se hace en la ciudad para aprovechar y salir a comer en compañía.

Esta vez quienes tratan de impresionar no son romanos, sino cada uno de los restaurantes que preparan un menú especial para los comensales, que al mejor estilo de un banquete de esa época quieren disfrutar de una entrada, un plato fuerte, un postre y una copa de vino. Solo quedaría faltando el entremés.

Estar acompañado

En La cena de Trimalción a los invitados también se les motivó a hablar: “Oportuno me parece sin embargo que mezclemos al placer de la mesa el de sabias o discretas disertaciones”. Así es que quien le diga que en la mesa no se habla, no conoció a los romanos, o no se leyó El Satiricón.

Conversar es beneficioso mientras se come, lo dice la ciencia, que señala que ayuda en la interacción social. La revista Nature identificó que alimentarse con otros ha sido una situación en la que se han enfocado investigadores interesados en estudiar la atención y la cognición social.

“Compartir una comida es una de las pocas situaciones que tiene connotaciones extremadamente sociales, incluso en compañía de extraños”, señala la revista científica en una investigación llamada Mirar mientras come: la importancia del contexto social para la atención social y publicada en 2014.. De hecho, si es de los que no mira, sino que se concentra en el plato, podría parecer una persona grosera.

Sentarse a la mesa en distintos contextos es un asunto de siglos. Ese espacio en el que lo haga y las personas que lo acompañen pueden afectar lo que come de forma positiva o negativa.

Por ejemplo, si ingiere alimentos acompañado de una persona que lo hace en grandes cantidades es muy probable que termine comiendo más que si estuviera solo, lo comenta la investigación Social Influences on eating (Las influencias sociales sobre el comer) publicada en la revista Science Direct en 2016. Por esa razón, si está guardando la línea, es mejor que se abstenga de salir con ese amigo que siempre pide más de la cuenta y al que termina uniéndose en la tarea de dejar los platos vacíos.

“Comemos diferente cuando estamos con otras personas comparado con cuando estamos solos”, señala el mismo estudio, hecho por Suzzane Higgs y Jason Thomas.

Y no solo eso, lo que se elige para la cena, según esos hallazgos, tiende a parecerse a los hábitos alimenticios de las personas más cercanas, como la familia o amigos. La razón, se cuenta en Science Direct, es que el comportamiento se adapta al de otros conforme a si nos parece gratificante.

Entre esas conductas sociales y el comer que analizaron en su laboratorio identificaron que los niños imitan lo que hacen sus padres y sus compañeros, además, que los efectos en ellos son similares a los observados en adultos que modelan sus hábitos alimenticios de otros.

Qué más no hacer

Comer mientras camina tampoco es buena idea; lo aseguran otra investigación publicada en 2015 por la Universidad de Surrey, en Inglaterra, en la que se sugiere que no solo es triste, también menos satisfactorio y perjudicial para su peso, pues ese hábito lo llevará a querer más después y por ende a aumentar kilos.

“Esto se puede deber a que caminar es una forma poderosa de distracción que interrumpe el efecto del alimento en el apetito. O puede ser porque caminar, incluso dándole la vuelta a un pasillo, se puede considerar como una forma de ejercicio que justifica luego el exceso más tarde como una forma de recompensa”, señaló en un comunicado el profesor de la universidad, Jane Ogden.

Si come viendo televisión también es posible que termine llevándose a la boca más de la cuenta.

En su libro Gastrophysics, The New Science of Eating, el profesor de la Universidad de Oxford, Charles Spence, asegura que si se le pone más atención al televisor que al plato, se comerá un tercio más de lo que acostumbra. Además terminará con hambre e irá a buscar algo más.

Así es que ni caminando ni viendo televisión ni con aquel con quien va a comer de más y le va a dañar la dieta. Comer, que es tan rico, es para hacerlo en buena compañía y dedicándole tiempo, nada de afanes. Mejor salga y dese un banquete que lo haga sentir como romano.

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